LA VIDA SON MOMENTOS

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Desde que nacemos el reloj de nuestra vida comienza a contar. El segundo que pasa no vuelve, literalmente y ciertamente.
Cada momento, cada lugar, cada circunstancia, cada alegría, cada pena, cada persona, cada aventura, cada experiencia… Todo, lo compartimos. Cuando compartes algo, ese algo se engrandece, se disfruta más, se vive más intensamente. Dicen que compartir es vivir y… nada más lejos de la realidad.
Pero… casi todo ser humano llega a un momento en el que “el compartir” no es protagonista, no es lo primordial. A casi todo hombre le llega el momento de conocerse a sí mismo, de fijarse sus metas en la vida, de trazar su camino, de trazar su plan para al fin y al cabo conseguir su objetivo en la vida: la felicidad.
Hablamos de una felicidad que no es momentánea, que no se mide con ese reloj de nuestra vida, que no pasa como los segundos para no volver. Hablamos de la felicidad personal que nos hace únicos y diferentes y que nos acompañará hasta el final. Esa felicidad que viene para quedarse.
Cuando sientes que necesitas esa felicidad es cuando sientes que te necesitas a ti, a ti y solamente a ti. Cuando contigo te sientes pleno, estas sintiendo esa felicidad perenne.
Es el momento de centrarte en tus objetivos, de ser disciplinado contigo mismo y de ser egoísta. Sí ¿por qué no? Centrarte solo y exclusivamente en ti porque “el tren que pasa no vuelve”. Sentir esa fuerza y esas ganas para “subirte al tren”, solo se siente una vez y… o “te subes al tren” o la felicidad personal se irá para siempre.
“Subirse al tren” es cosa de valientes ya que conlleva “dejar mucho” en tu camino. Digo “dejar” porque cuando empiezas a pensar en ti y a dedicarte a ti, te das cuenta de que muchos otros a la vez dejarán de hacerlo. Te das cuenta de que si tu no piensas en nadie, nadie piensa en ti. Pero también te das cuenta de que quien siempre pensó en ti sin esperar que tu lo hicieras a cambio, sigue y seguirá pensando en ti. Ley de vida.
Cuando tomas la decisión de “subirte al tren de tu felicidad” tienes que hacerlo de forma consciente. No vale coger el tren y bajarse en la siguiente estación, si lo coges es para llegar hasta tu destino: tu vida, tu felicidad.
Llegar hasta el final no es tarea fácil, implica: disciplina, constancia y responsabilidad. Aun sabiendo que el fin es conseguir tu felicidad, algo bueno y maravilloso, el ser humano encuentra y se crea miles de dificultades. De ahí que la disciplina, el ser constante y tener responsabilidad son aptitudes, características y requisitos indispensables para no bajarte del tren a la primera de cambio.
Viajar solo es de valientes, pero es imprescindible para conocerse a uno mismo. Es la única forma de escuchar tu voz, de escucharte a ti, de reflexionar sobre ti y de ocuparte solo y exclusivamente de ti. Ya os dije que hay que ser “egoísta” en ocasiones.
Cuando tomas la riendas de tu vida, cuando tomas esa difícil decisión, los sentimientos se mezclan, se confunden. El miedo siempre es el primero en llamar a tu puerta, el miedo a lo desconocido, al no saber que vendrá, es inevitable sentirlo. Pero es evitable dejar que se aferre a ti. Gracias a la disciplina conseguirás echarlo.
Muchas veces sentirás que el camino es largo, que nunca llega el momento de comenzar a caminar y peor aun que habiendo caído mil veces es practicante imposible levantarse mil y una. Como bien he dicho, tan solo lo sentirás, la constancia hará qué eso que sientes nunca llegue a materializarse. Que parezca difícil no significa que sea imposible.
Cuando decides subir a tu tren, estas protagonizando un acto de madurez. Estas decidiendo dedicarte a ti y a tu razón de ser. Estas siendo responsable contigo, con tu vida. Solo tu eres responsable de ella, solo tu eres responsable de tu felicidad.
Perdonad mi ausencia, estaba cogiendo el tren hacia mi felicidad.

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